Hoy es viernes, 30 de mayo de 2008, debo presentar un informe para el curso de DSI. Y no he podido hacer mis obras sociales más allá de mi casa. Es algo difícil de escribir, pues es algo un tanto personal, pero fue mi única acción social de la semana y no tengo más plazo q un par de horas para presentar este trabajo.
Dicen que el cambio empieza por uno mismo, como dice en las encíclicas, el desarrollo debe ser primero espiritual que económico y creo en ello.
Estaba yo parado en mi habitación, viendo transcurrir el tiempo en la desolada calle, pensaba y pensaba en que podría presentar en mi trabajo de patrimonio, cuando vi a una señora anciana recogiendo botellas de plástico en la calle. Siempre quise ayudarla, no era la primera vez que pasaba frente a mi casa, baje y abrí la puerta, la mire y no supe que hacer
Ella me miro y me pregunto por si tenia envases de plástico, felizmente mi padre siempre guardaba envases de yogurt y de gaseosas que consumíamos, para algún día tener muchas y venderlas, nunca me pareció algo lógico pues la ganancia era mínima, pero podía ayudar a la señora, le dije que pasara y lo hizo, en la entrada de la casa de mi padre, en la que vivo, hay un pasadizo así que paso y dejo su costal ahí, le baje los dos costales de plásticos q tenia y se los entregue, en ese momento, llamaron a comer, como estaba solo en casa le propuse que pasara y me acompañara a almorzar, conversamos, me conto del porque de su situación, nos reímos, es una persona muy conocedora de política, apuesta por una revolución armada, que espera se de algún día y la saque de la miseria, yo solo calle pues es su forma de descargar la ira de su mal vivir.
Nos sentamos en mi patio y seguíamos conversando acompañados de una jarra de refresco de maracuyá, los sacos que le di fueron como si ya hubiera trabajo suficiente por el día así que se relajo y cuando el estomago ya había digerido opto por irse, antes de salir me pregunto por si podría llevarse un paquete de galletas que tenia, le die que si y se fue.
Mi acción, no fue darle las botellas, almuerzo ni refresco de maracuyá... Fue el momento que compartí con ella, todos necesitamos ser escuchados, ser entendidos, y recibir amor y comprensión aunque sea de un desconocido que le regalo un paquete de galletas de agua.
No se si esta anécdota por decirla así, sea valida... Es mi primer trabajo solo, sin estar en un grupo que vaya a sanatorios o a pueblos a repartir comida, pero ayude a alguien que no estaba en ninguno de esos lugares, espero sea valido.
Vagoo...




